16
May 2012

El trabajo detrás
de lo simple

Cliente 1: “Quiero un logo, pero que salga rápido y que no me cueste mucho, algo simple”.

Cliente 2: “Está bonito el folleto, pero se ve que no le dedicaste tiempo, está muy simple”.

Cliente 3: “Si quisiera algo simple, yo podría hacerlo, métele diseño”.

El renombrado diseñador estadounidense Milton Glaser, internacionalmente conocido por su aportación al diseño norteamericano con el emblemático logo de “I love New York” postula en su decálogo personal que si en diseño quieres expresar más, digas lo suficiente. Pero, ¿Cuánto tiempo invierte un diseñador en lograr algo que contenga la medida exacta entre estrategia, comunicación y estética?

Un proyecto de identidad, desde el diseño de la firma corporativa hasta el desarrollo de un sistema, está conformada por varios procesos que abarcan comprender en primer lugar el proyecto, al cliente, al target, pasando por una serie de ideas burdas, finas, aterrizaje de las mismas y refinamiento de propuestas hasta generar la ganadora.

Existen marcas que en su proceso de diseño deben explorar entre decenas y a veces cientos de propuestas para lograr descubrir cuál es la que tendrá más facilidad de atrapar a la audiencia y mantenerse en el gusto del consumidor por un período determinado. La mayoría de esas veces la propuesta ganadora es la más simple, la que logra transmitir con poco, el carácter de una marca, la que tiene más posibilidades de éxito.

Colorido no significa precisamente llamativo. Un logo lleno de colores no garantiza que sobresaldrá de entre su competencia, estos factores regularmente son malinterpretados por el cliente y tienden a pensar que su gusto personal es el de la mayoría. Al final, la marca siempre debe responder preguntas básicas: ¿Qué necesita el target? y ¿Qué está haciendo el mercado al respecto? Y el buen diseñador es el que, con su metodología, puede responderlas.

Preocúpense cuando el diseñador que contratan no sea capaz de hacerles visualizar los alcances de su marca, que no piense en extensiones que transmitan el mensaje que necesitan expresar, o que no pueda, con su experiencia personal, orientarlos hacia una solución, que aunque a veces simple, tenga todo un proceso de trabajo serio detrás.

Así que, amigos clientes, intenten dar su voto de confianza al buen diseñador, confíen en su criterio profesional, pídanle ayuda para ver los alcances que tiene su proyecto y sigan de cerca su trabajo, para que cuando se les entregue la propuesta final, puedan expresarle: “Felicidades, lograste un proyecto justo como lo necesitaba: Fino, poderoso, diferente… y simple”.

Les anexamos algunos ejemplos de proyectos que logran decir más con lo suficiente.

 

Imagenes vía: Brand New

 

 

Por: Daniel Poot / Branding

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